miércoles, 29 de agosto de 2012

Familia y Responsabilidad Social

El cuerpo humano es una máquina perfecta compuesta por varios sistemas: el respiratorio, el digestivo, el excretor, el esquelético y muscular, el cardiovascular y linfático, el nervioso y hormonal, el reproductor, y el tegumentario que cubre y protege el cuerpo mediante la piel, uñas y pelo. Los sistemas del cuerpo están a su vez compuestos por una serie de órganos formados por tejidos que cumplen una función vital, los que a su vez, están compuestos por células. De acuerdo a lo anterior podemos afirmar que las células son el núcleo fundamental del cuerpo humano, pues el deterioro o daño de las mismas, afecta el tejido, este a su vez el órgano, repercutiendo en el sistema al que pertenece, y por consiguiente desarmonizando todo el cuerpo. Lo mismo que sucede con las células y el cuerpo humano, sucede para con la sociedad. La sociedad esta compuesta por personas que pertenecen a las células primarias denominadas familias, y estas a su vez a sus comunidades formando los tejidos sociales, y estos tejidos a su vez crean organizaciones sociales, comunitarias, cívicas, educativas, productivas y más que son fundamentales para el funcionamiento de una sociedad, creando a su vez una serie de sub-sistemas fundamentales que pasan a ser parte del gran sistema social. Al igual que en el cuerpo humano si nuestras células son atacadas por un virus, mala alimentación, desgaste excesivo, o por cualquier tipo de evento que cause daño, y si el sistema de protección o reacción propio de control de la enfermedad no logra combatirla, el cuerpo se va enfermando, pues se afecta el tejido y por ende se daña el órgano, y esto afecta el sistema al que pertenece, causando una enfermedad en el cuerpo que si no se controla, poco a poco lo va llevando a una situación delicada e incurable. La estructura de una sociedad no difiere en nada a la composición del cuerpo humano, puedo decir, es casi igual. Cuando se descompone la familia, esto afecta al individuo y por ende, se va afectando el sistema en que se involucran estos individuos afectados, repercutiendo negativamente en la sociedad. Hoy en día presenciamos una serie de daños que nos permiten usar el calificativo de: “estamos ante una sociedad enferma”. Una sociedad en la que los principios y valores fundamentados en el respeto, la justicia, la solidaridad, la honestidad, la caridad y otros que aún hacen parte de los principios rectores “teóricos” expresados como bases para la sana convivencia y para el bien de la sociedad, han quedado de lado. De enfermos estamos pasando a graves, crónicos y casi que desahuciados, pues hasta hemos perdido la capacidad de aterrarnos por aquellas cosas que son malas o que causan daño a la persona humana, a la tranquilidad ciudadana, como es el tema de la seguridad, la corrupción, el vandalismo, asuntos de tipo moral, y la escasa o casi nula ética. Es lamentable ver como hasta hemos perdido la capacidad de sorprendernos ante hechos dantescos como matanzas y asesinatos para mi escabrosos, violaciones sexuales inclusive a menores de edad, asesinatos con desmembración, o de otros actos indebidos causados con dolo y plena intención como es el maltrato a la persona humana o a los animales, la corrupción, la deshonestidad, la patanería cotidiana y más asuntos que hacen parte de los comentarios y la cadena de lamentos sin solución alguna. Lo peor de todo es que las cosas indebidas siguen pasando mientras la gran mayoría de las personas lo único que hacen es seguir buscando a los culpables de los males, tratando de encontrar respuestas en la responsabilidad del estado o de los gobernantes, en la escuela, en la tecnología, en el ritmo acelerado de vida actual, en la misma globalización, desconociendo que el primer responsable es uno mismo: No podemos ser ajenos a nuestro compromiso humano y social, y a la auto-responsabilidad. ¿Por qué entonces la sociedad enferma? El problema tiene origen en la familia, en el núcleo de la sociedad. El concepto de familia se ha deformado. Parece ser que el ser humano hoy se siente totalmente realizado por los logros materiales, por el estatus alcanzado, entregándose a lo trivial, a lo frívolo y a lo banal, algo que desfiguró el fundamento de “Familia”. Es de entender que el ritmo de vida cambia y por ende deben cambiar sus costumbres, y es entendible que se modifiquen algunos de los rituales de una estructura familiar, pero no es aceptable que definamos como familia a un grupo de personas con una consanguinidad directa, que viven en el mismo espacio y que tienen la capacidad de soportarse mutuamente. Aunque semántica y conceptualmente no existe una definición exacta de familia, podemos decir que familia es: un compromiso, un deber, una relación, afecto y atención. Hay familia cuando los miembros además de participar de la satisfacción de sus necesidades económicas, establecen una serie de relaciones afectivas más íntimas y profundas que en cualquier otro grupo social, esto, debido a los estímulos y expresiones de afecto, a la sensación de protección, a la orientación o educación base para ser y poder proyectarse y hacer, y en general, por una serie de relaciones que van más lejos de solo tener un espacio donde satisfacer una serie de necesidades básicas y figuras sociales. Existe una familia cuando hay diálogo entre los miembros, cuando los padres entienden que mas que ser proveedores deben dar buen ejemplo, hay que formar en valores, hay que enseñar el afecto, en una sola palabra, hay que enseñar a AMAR. Se consolida la familia cuando los miembros sienten que en ese núcleo, hay un valor fundamental orientador que lo hace ser persona, que lo proyecta importante y trascedente socialmente, que le estimula a amar la vida y a ser útil. Parece ser que el común de la gente piensa que lo determinante para que exista una familia es un lugar llamado casa, una consanguinidad, una afinidad y una necesidad de mantenerse unidos. Cuando los miembros de estos mal entendidos núcleos familiares logran su capacidad de sostenerse, inmediatamente se desprenden de dicho núcleo, y salen a conformar el suyo propio. Una verdadera familia no se desmiembra, crece. Un verdadero núcleo familiar no se preocupa de la casa que puede tener, si no del hogar que debe construir, y cuando alguno de los miembros siente el llamado al afecto, trae a esta nueva persona a su núcleo familiar. Observamos hoy que la familia ha perdido su principio de comunión, de unidad. Cada vez las casas donde habitan esos grupos aún llamados familias, se parecen más a un hospedajes que a un hogar, pues tan solo son casas grandes donde ese grupo de personas adultas, adolecentes y niños llegan porque no tienen mas donde llegar, porque dicho lugar les brinda cierta protección de la calle, pero no les solidifica en principios, en valores, en motivación, no los empodera y menos los estimula para hacer las cosas bien. La alcahuetería, la permisión, la tolerancia, la transigencia parecen ser ya un elemento presente en la sociedad, porque ha pasado a ser la principal regla de convivencia de ese actual y mal llamado núcleo familiar. Si repensemos la familia, la sociedad puede cambiar, pues es en la familia que se enseñan los fundamentos para hacer de las personas seres rectos, buenos, decentes, trabajadores, serviciales, comprometidos, responsables y en general, personas que le sirvan a sus semejantes y a la sociedad. Se hace necesario, inaplazable que empecemos por educar a los adultos padres, para que ellos eduquen adecuadamente a sus hijos y así empezar a combatir la enfermedad que está haciendo daño a nuestra sociedad, la enfermedad que nos puede llevar a una crisis terminal. Los que creemos ser responsables Socialmente, tenemos el compromiso de trabajar en el núcleo fundamental de la sociedad, la familia, y es por eso que este tema debe ser prioridad en los proyectos de las empresas, de las organizaciones sociales, de la escuela, de la iglesia, del gobierno y de todos los entes activos de la sociedad, y las personas que tenemos el poder de la palabra, el manejo de grupos, la influencia, el conocimiento y en general la capacidad de hacer algo porque nos preocupa lo malo. En conclusión, para sanar a la sociedad, debemos sanar primero la enfermedad que aqueja a la familia, es ahí, y no debemos de escatimar esfuerzo alguno, donde debemos centrar gran `parte del esfuerzo y atención. Tito González S.

lunes, 16 de mayo de 2011

No me des todo lo que te pido

No me des todo lo que te pido. A veces sólo pido para ver hasta cuánto puedo pedir.

No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.

No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes me pidieras las cosas, yo lo haría mas rápido y con más gusto.

Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también un castigo.

viernes, 15 de abril de 2011

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LOS VALORES SE ENSEÑAN EN CASA


Algunos padres asumen que el proceso de formación en valores depende de la escuela, y eso es un gran error, pues los valores se enseñan en el núcleo familiar y se refuerzan en la escuela.

De nada sirve que en la entidad educativa hagan énfasis en la educación en valores, cuando estos no están presentes en los hogares.

LA FAMILIA, NÚCLEO FORMADOR DE VALORES


La familia es el verdadero núcleo formador del hombre en la sociedad contemporánea. Es allí donde se asimilan los valores o los anti valores que prevalecerán en la persona en su vida de adulto, y este aprendizaje se adquiere de diversas maneras, siendo más formador el ejemplo mismo que la palabra emitida. Es la forma de ser de los adultos, sobre todo la de sus padres o tutores, la que le enseña las conductas, las actitudes y los comportamientos.